• Disminuye los dolores, al mejorar la circulación de la sangre los nutrientes y el oxígeno llegan con más rapidez a las zonas necesitadas.
  • Otorga mayor elasticidad a la piel, ésta se vuelve tersa y suave.
  • Fortalece el sistema inmunológico. Al haber mejor y mayor circulación de sangre en el organismo, lo desintoxica y gracias a ello puede hacerle frente con mayor eficacia a las enfermedades.
  • Ayudan a controlar la ansiedad y la depresión. Los masajes ayudan a reducir los niveles de una hormona llamada cortisol, que se libera como respuesta al estrés y, por lo tanto, levantan el ánimo y disminuyen la presión arterial. Por otro lado, pueden estimular la serotonina y la dopamina, dos neurotransmisores relacionados con la depresión.
  • Mejoran el sueño, ya que parece ser que aumentan las ondas deltas del cerebro, que están relacionadas con el sueño profundo. Así que si os cuesta dormir, ya sabéis un truco para caer rendidos en la cama.
  • Reduce la inflamación y mejora la cicatrización de las heridas, el contacto de la mano del especialista con nuestro cuerpo otorga confort, también regula y alivia la tensión psico-física.